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Mucho de nosotros lo recordarán como ese regalo inalcanzable, que cuando lo conseguimos revolucionó nuestras vidas. Es que ya pasaron treinta años de la aparición del primer Walkman, de la mano de la compañía japonesa Sony. El walkman hace treinta años significó mucho más que la llegada del Ipod para las actuales generaciones. Revolucionó la manera de escuchar música, haciendo posible llevarla adonde quisiéramos.
El inventor de este aparato fue Andreas Pavel, siete años antes de que Sony lo lance al mercado.
Quienes solo han conocido el Ipod, no se podrán imaginar la cantidad de horas que requería tener la música que queríamos en nuestro Walkman. ¡Con lo fácil que es hoy! Había que dedicarle su merecido tiempo. Grabar en la cinta de nuestro cassette la música desde la radio, no era cosa de todos los días. Siempre rogando que el señor locutor no nos pise la pista. Otra de las características del Walkman era que su capacidad estaba limitada a la duración de la cinta, ósea en la mayoría de los casos sesenta minutos.



La mejora ha sido notable.
En una entrevista en Diciembre de 2005 al diario The New York Times, Andreas Pavel asegura que todavía se acuerda de cuando y donde fue la primera vez que probó su invención. También recuerda que música eligió para el estreno. Era febrero de 1972, se encontraba en Suiza con su novia y el cassette que escucharon fue "Push Push". (Perros de Lavalle no encontró datos sobre “Push Push”) Lo que le maravillaba de su idea era la posibilidad de ponerle una banda sonora permanente a su vida. Caminar por la calle escuchando música.
El Walkman llegó más allá de ser un reproductor de música, fue un determinante más de la cultura y la moda de los años ochenta.
La marca Walkman fue tan exitosa durante tantos años que su propietaria, Sony Corporative, lanzó en 2005 su línea de teléfonos “Sony Ericsson Walkman”.
Pero no es momento todavía de llegar al Ipod. Otro actor no menos importante nos mantuvo entretenidos por varios años, fue el Discman.
En 1979, Sony revolucionó el mundo de la música con la introducción del Walkman. Ellos mismos serían los responsables cuatro años más tarde en 1983 de la llegada del Discman. Con esta unidad portátil y liviana ahora si la música podría acompañar al usuario adonde este quisiera. Pero tardaría un par de años en masificarse, y más aún en nuestro país donde se popularizo casi diez años después.
Pero la popularidad de los Discman bajo en gran medida, las razones fueron su gran tamaño frente a otras formas portátiles de almacenamiento de sonido. La estandarización del formato MP3 para escuchar música, hizo que Sony decidiera agregarle al Discman la opción de reproducir CD´s con archivos en ese formato. Logrando así extender la vida útil del aparato.
Pero hace 10 años apareció el primer reproductor MP3 de la historia: el MPman, un dispositivo muy limitado pero que para la época era toda una revolución.
Como indican en el artículo original, hoy estamos rodeados de dispositivos con soporte MP3. Los teléfonos móviles incluyen este tipo de función desde hace años, y los iPods de Apple se han convertido en el referente a la hora de contar con un reproductor multimedia puro con el que disfrutar de la música en formato MP3.
Sin embargo, hace 10 años la cosa no estaba tan clara, MPman fue un desarrollo revolucionario para la época, y si pagabas los 250 dólares que costaba podías disfrutar de nada menos que 32 Mbytes de memoria. Algo así como doce temas. Además, con el podías reproducir ficheros MP3 en lugar de llevarte la música en el diskman o walkman de turno. Poco después aparecería el Diamond Rio, un mp3 player que se hizo muy popular, pero lo cierto es que MPman sentó las bases de un mercado que hoy en día es muy importante.
Pero un capítulo aparte en la historia de la música portátil merece Apple con la introducción del Ipod en 2001. Más de 200 millones de personas en todo el mundo tienen alguna versión de este revolucionario mp3 player.
El iPod fue originalmente diseñado por Tony Fadell, que hasta ese entonces nada tenía que ver con Apple. Fadell enseñó su idea a Apple, y fue contratado como independiente para llevar su proyecto al mercado. Se encargó de las dos primeras ediciones, a partir de ese momento el iPod ha sido diseñado por el equipo de Jonathan Ive, vicepresidente de Apple.

Hay exactamente 19 versiones de este aparato, que además de escuchar música en muchas de sus versiones nos permite ver videos y jugar a limitados juegos. En su última versión, el Ipod Touch, trae pantalla táctil y la posibilidad mediante Wifi navegar y chequear mails. Fue presentado por Apple como el Ipod “más divertido”.
Una particularidad que marca Apple con su mp3 player respecto del resto es el color de sus auriculares, blancos. Es tan importante este detalle para la marca, que en las publicidades del producto hacen hincapié de manera permanente.
La cosa ha mejorado. Hoy un Ipod o un mp3 genérico no nos pide que nos pasemos horas enteras grabando música desde la radio. Su gran capacidad de almacenamiento y hasta de conectividad hicieron que hoy ocupen un lugarcito más en nuestras vidas.

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Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó.

Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó.

Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó.

Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.

Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó.

Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde.

(Bertolt Brech)





No es bueno ir por la vida encasillando cosas y poniéndole nombre a todo, y menos, si de cine se trata. Y sino mirar a esos padres y madres que se rompen el coco pensando y buscando nombres para sus hijos, para que luego a Francisco le digan Pancho. En cine hay una tendencia a ponerle nombre a todo. Quizás como estrategia de publicidad, o de estudio, de análisis o de estilos. Lo cierto es que ayuda, y mucho. Cuando rápidamente preguntan ¿Diga una película de acción, otra de ciencia ficción, una comedia, una comedia romántica y una pochoclera? Muchos podrán responder Rambo (George P. Cosmatos), Brazil (Terry William), Esperando la Carroza (Alejandro Doria), Olvídate de París (Billy Crystal) y El Día de la Independencia (Ronald Emmerich), respectivamente. En este sentido, las películas se podrían también encasillar en Clásicos.


Maneras de definir que un film sea un clásico del cine hay tantas como pares de ojos para verlos. No obstante, los ilustres del cine no esperaran para saltar de su silla y criticar, corregir, la siguiente definición. Una obra se convierte en un Clásico cuando perdura en el tiempo y mantiene la misma vigencia que si hubiera sido rodada semanas atrás. Un Clásico no caduca, es actual. Más allá de las cuestiones técnicas-estéticas propias del cine, un film será un Clásico por haber ingresado en el imaginario colectivo, y cuando la trama refleje fielmente a la sociedad. Así, Tiempos Modernos, La Naranja Mecánica, Psicosis, Casablanca, El Padrino, El Nombre de la Rosa, El Acorazado Potemkin, Lo que el Viento se Llevó, La Patagonia Rebelde y Crónica de un niño solo, se convirtieron en Clásicos del Cine. Lo mismo pasa con Sacco e Vanzetti, dirigida por Giuliano Montaldo.



Es cierto que ya no son tiempos en que el capitalismo, el socialismo y el anarquismo se disputan la hegemonía política-ideológica. Aunque con las vueltas de la historia nunca se sabe, a pesar de que los apologistas que decretaron el Fin de la Historia digan lo contrario y renieguen de la dialéctica. Esa es una batalla que en las décadas recientes parecen haber ganado los dueños del capital, sin embargo se empiezan a ver nuevos tiempos, al menos en Latinoamérica.
Giuliano Montaldo no habla sólo de la lucha anarquista. Su propuesta es más profunda: reflexiona sobre la lucha de clases, opresores y oprimidos, ricos y pobres; sobre el sistema judicial estadounidense; habla de la libertad, de la lucha y de la muerte. En fin, es un homenaje a la vida y a la muerte, dos caras de una misma moneda, de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.
El 15 de abril de 1920, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos inmigrantes italianos, fueron acusados por el asalto y homicidio del pagador de una fábrica, en la ciudad de Massachussets, en Estados Unidos. Sacco y Vanzetti, un zapatero y un vendedor de pescado, militantes anarquistas, fueron injustamente acusados de un crimen que jamás cometieron, por el que fueron ejecutados en la silla eléctrica en 1927. Cincuenta años después del crimen oficial contra Sacco y Vanzetti, Estados Unidos pidió disculpas y fueron exonerados simbólicamente. Había sido una “equivocación”. Claro, entonces era fácil, ya estaban muertos, y la amenaza anarquista y socialista alejadas de sus tierras.
En 1971 el director Giuliano Montaldo, que también dirigió Tiro al pichón, Una bella grinta, El hombre con los antojos de oro, siempre interesado en tener una mirada política del cine, llevó a la pantalla grande la historia del injusto y legal asesinato de los dos militantes anarquistas. Una película sensible, que denuncia las injusticias de un sistema que, según parece, el mundo se ha acostumbrado. Lo mismo había ocurrido con aquellos héroes populares, condenados a muerte –esta vez en la horca– por pedir las ocho horas de trabajo. Fueron Los Mártires de Chicago, a cuyo recuerdo se debe para siempre el 1º de Mayo como Día de los Trabajadores. También, cien años después de ese crimen infame, la Justicia estadounidense pidió disculpas. ¿Otra equivocación?
En la película queda de manifiesto que no importaba si habían sido ellos los autores del delito; no iban a la silla eléctrica por el robo, sino por su condición de anarquistas, extranjeros y pobres. Aunque no hubiesen robado y asesinado, justificaba matarlos por sus ideas. No muy distinto a lo que pasa hoy en Estados Unidos, pero también en muchos otros países. ¿En las cárceles argentinas, cuántos hay por pobres? ¿Cómo es la Justicia para los poderosos, para Ernestina Herrera de Noble y para Carlos Menem? Alguna vez, el actual ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Eugenio Zafaroni, dijo: “Los presos en Argentina no están allí por lo que roban, sino por cómo lo roban”. ¿Qué hay, en este mundo de la guerra contra en terrorismo, si un musulmán es atrapado por la policía de Estados Unidos cortando/robando una flor para su hija? ¿Por qué las cárceles estadounidenses están abarrotadas de presos de color negro, de latinos y pobres?



Nicola Sacco, en su carta de despedida, cuenta,: “Mi crimen, el único crimen, del que estoy orgulloso, es el de haber soñado una vida mejor, hecha de fraternidad, de ayuda mutua; de ser, en una palabra, anarquista, y por ese crimen tengo el orgullo de terminar entre las manos del verdugo. Pero que tengan luego el coraje de decirlo, de gritar al mundo -los gobernantes y los asalariados de los Estados Unidos- que habiendo adquirido su independencia en nombre de la libertad, ellos pisotean esa libertad en todos los actos de su existencia.”
Por su parte, Bartolomeo Vanzetti, dijo: “Aprendí que la conciencia de clase no era frase inventada por los propagandistas, sino que representaba una fuerza vital, real, y que aquellos que comprenden su significado no son ya simples bestias de carga, sino seres humanos”. Y presas de cacería.
La imagen final de Vanzetti, noble y fuerte, sentado en la silla eléctrica aguardando su ejecución, además de interrogantes, promete muchas respuestas. ¿Qué sentirá ese hombre (o cualquier otro) sentado allí aguardando la descarga que, ineludiblemente, acabará con su vida? ¿Qué sentirán quienes lo observan? ¿Es justo, ética y moralmente, condenar a un hombre a muerte? ¿En nombre de qué libertad se condena a un hombre?



Lo más importante de este Clásico del cine que ha logrado Giuliano Montaldo, es que ha conseguido entender e interpretar el pensamiento y la sensibilidad de Sacco y de Vanzetti. Es un documento para la memoria y un arma de lucha. Acaso un resumen de la película sea este fragmento de la carta que Nicola Sacco le escribiera a su hijo, Dante, antes de ser electrocutado: “Pueden crucificar hoy nuestros cuerpos, como lo están haciendo, pero no pueden destruir nuestras ideas, que servirán para los jóvenes que vengan después.”
Con formidables actuaciones de Gian Maria Volonte, Riccardo Cucciolla, Cyril Cusak, y una hermosa música de Ennio Morricone, el film también deja su mensaje, que en la dulce voz de Joan Baez dice: “La belleza del espíritu humano es la voluntad de realizar los sueños.”


Esteban Collazo

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Cada año salen al mercado infinitas comedias para romper los esquemas del cine. El año pasado "Muerte en un funeral" fue festejada por los espectadores y críticos. En el 2009 los estrenos del género en cuestión venían flojos, pero apareció una tal "The Hangover", en Argentina "¿Qué pasó ayer?", e hizo que los amantes del cine volvieramos a creer en la comedia.



A continuación te dejamos una pequeña lista de comedias imperdibles, para que te pongas de buen humor cuando la vida se pone áspera.


1. ¿Qué pasó ayer? (The Hangover). Dirección: Todd Phillips. Guión: Jon Lucas, Scott Moore.
2. Muerte en un funeral ( Death at a funeral). Dirección: Franz Oz. Guión: Dean Craig.
3. Delicatessen (Delikatesy). Dirección: Jean-Pierre Jeunet, Marc Caro. Guión: Gilles Adrien, Marc Caro, Jean-Pierre Jeunet.
4. La fiesta inolvidable (The Party). Direccion: Blake Edwards. Guión: Blake Edwards.
5. Malos pensamientos (Very bad things). Dirección: Peter Berg. Guión: Peter Berg.
6. Human Nature (en Argentina nunca se estrenó). Dirección: Michel Gondry. Guión: Charlie Kaufman.


Mariano Di Blasi.



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Grandes películas han pasado por la historia del cine, películas que aunque tengan varios años de vida, nos demuestran que ayer, hoy y siempre, la pantalla grande nunca va a pasar de moda. Muchas de ellas han triunfado y han dado la vuelta al mundo, siendo mundialmente reconocidas y recordadas por los fanáticos de los largometrajes, pero muchas de ellas también han perecido en las oscuridades de una sala de video olvidada, un oscuro cuarto de una casa o simplemente, han dando vuelta al mundo en viejas latas de proyección de las cuales nadie sabía que estaban ahi escondidas. Y aunque parezca mentira, muchas de esas películas tienen valores altísimos por lo que representan, porque son una parte muy importante de la historia del cine y, algunas, solo quedaron en papel o cintas inconclusas, dandóle pie a proyecciones posteriores, que sorprendentemente han evolucionado según la mirada de su director y han logrado triunfar en la pantalla grande, siendo éxitos de taquilla.

Hace unos días una noticia dio la vuelta al mundo. Un asiduo comprador de productos por eBay se llevó la sorpresa de su vida al hallar una película inédita de Charles Chaplin dentro de una lata para guardar viejas cintas de largometrajes que había adquirido por la módica suma de cinco dólares. Morace Park (el cibernauta comprador) quedó paralizado cuando descubrió que la cinta que contenía la lata era desconocida y que llevaba el nombre de "Charles Chaplin in Zepped", que data del año 1916 y fue filmada con el objeto de apoyar al ejército británico entre los años 1914 a 1918. Este film muestra imágenes del zeppelin sobrevolando Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial y a su protagonista, Chaplin, expresando sus deseos de volver a Inglaterra y brindar su apoyo a los soldados. Increíble.





Como si fuera poco, otra película protagonizada y dirigida por Charles Chaplin (que nunca se terminó de producir ya que Chaplin la abandonó) fue "The Professor", que trataba sobre la vida del Profesor Bosco, un vagabundo que viajaba por todos lados con su circo de pulgas, las cuales provocaban molestias a otros vagabundos cercanos a este. El papel de Chaplin era crucial para esta película, ya que el actor principal, en su papel, buscaba constantemente el éxito y reconocimiento en un mundo de pobreza. Esta película fue creada y olvidada en 1919.





Otra de las películas que nunca vio la luz pero sirvió para crear una joya del cine fue "Creation" (1931), la precursora de la hiper famosa "King Kong". La historia que trata la película Creation no es nada de otro mundo para la actualidad. Imaginemos una isla, poblada de dinosaurios, donde llega el hombre moderno y las situaciones que ahi se pueden dar. Primero sorpresa, luego temor, terror y el final, ya que lo filmado fue realmente muy corto. Nada distinto a las actuales "Jurassic Park" del gran Steven Spielberg. Pero a diferencia de la actualidad, en ese momento la demanda de dinero para poder crear los efectos especiales era altísima. Es por eso que el filme quedó trabado y solo se pudieron grabar 20 minutos, debido al precio y a que para ese momento, la película era "aburrida". Dos años después nacería King Kong, utilizando partes de este filme fallido y mostrando los famosos dinosarios como el gran Tiranousaurus Rex y Triceratops (acompañados del gorila más famoso del mundo).





Entre estas, miles de películas sobresalientes deben estar ocultas bajo una caja de madera en algún rincón del mundo, esperando a ser descubiertas y encontradas.

Por Santiago Gralatto.

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Durante finales de la década de los cincuenta, los jóvenes de Inglaterra, que habían sido criados durante la Segunda Guerra Mundial, veían en el Rock´n roll y el cine de Estados Unidos un escape de la realidad del gris paisaje en donde vivían. Stuart Sutcliffe era un adolescente de Liverpool que se apasionaba por esa nueva música que revolucionaba al mundo. Pero dentro del joven había otra pasión: el arte plástico. ¿Tenía que optar por una sola? No. Tenía toda una vida por delante.


Nacido el 23 de junio de 1940 en Edimburgo, Escocia, Stuart y su familia se mudaron a Liverpool cuando él tenía tres años. La ciudad portuaria, situada en la desembocadura del Río Mersey, había sufrido ochenta bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Aunque también escribía poemas, a Stuart lo seducían las artes plásticas. A los dieciséis años el joven apuesto, delgado y con una barba al estilo de Vincent Van Gogh, ingresó a la Universidad de Arte de Liverpool.

Stuart se mudó de su casa, pero fue cambiando tanto de domicilios en Liverpool, como de compañeros de cuarto. El último fue un joven irreverente, de humor cáustico llamado John Lennon con el que el pintor había trabado amistad en la Universidad. Al departamento, ubicado en el número 3 de Gamble Terrace, solían ir muchachas que eran invitadas para ser retratadas, como primera instancia.

El arte le seguía dando beneficios a Stuart; en 1959 presentó una pintura en la exposición John Moores en la Walker Art Galery y logró venderla por sesenta libras. Lennon convenció al pintor de comprarse un bajo para que integrara su banda de rock.



Esta denominación era ambiciosa. No había ni músicos calificados, ni instrumentos decentes. Mucho menos equipo de sonido. Hasta hacía poco tiempo Lennon tocaba un tipo de música llamada Skiffle, que se interpretaba con elementos tales como tablas de lavar o un palo con una cuerda haciendo las veces de contrabajo.

Aunque no supiera tocar, el pragmático Lennon veía que la apariencia del pintor podía sumar un atractivo visual al grupo, por entonces llamado Johhny and the moondogs. Stuart ya había adaptado su imagen a la del estereotipo rockero: campera de cuero, jeans negros y jopo a lo James Dean.

La banda cambió su nombre por el de The Silver Beatles. Lennon afirmó que era de su autoria. El integrante mas joven del grupo, llamado George Harrison, sostuvo que fue Sutcliffe el que le puso el nombre en homenaje a la pandilla antagonista de la del personaje de Marlon Brando en la película El Salvaje: los Silver Beetles. El cambio de la segunda letra e por una a, viene por la palabra beat (ritmo).

Mas allá del cambio nombre, la banda era todavía era anónima, tanto para la gente, como para el precario negocio del Rock; que trataba de crearse desde la nada, imitando a los íconos estadounidenses, con figuras prefabricadas por empresarios del medio. En 1960 el grupo no logró ser elegido en una prueba para ser banda de apoyo del cantante Billy Fury. Los integrantes incluso habían cambiado sus nombres para ese trabajo (Stuart iba a tener el apellido De Stilj). Finalmente, Los Silver Beatles acompañaron a Johnny Gentle una gira por Escocia. Los dos artistas eran representados por el manager Larry Parnes, quien no volvió a llamar a los de Liverpool.

En la ciudad portuaria, la banda solía conseguir lugar para tocar en varios tugurios, donde a veces eran acompañaban a una stripper, que era el número principal. En una de esas noches Stuart fue golpeado tras un recital, algo natural en ese ámbito según reconoció Harrison. Uno de esos antros donde tocaban los Silver Beatles se llamaba Jackaranda, propiedad de Alan Williams, para quien Stuart y Lennon pintaron su sótano.



En el Jac, reemplazaron a un grupo llamado Caribbean Band que estaban tocando en la zona roja de Hamburgo, donde las bandas inglesas podían tener trabajo. Williams hizo el contacto para que los Silver Beatles tocaran en la ciudad alemana.

Stuart dejó la Universidad de arte de Liverpool. El baterista Pete Best se sumó para completar el grupo en el cual ya estaba el guitarrista Paul McCartney. En 1960 el quinteto se embarcó hacia Hamburgo, vía Holanda y con visas de estudiantes. La oportunidad de vivir del rock´n roll valía la pena. Eso ya era un éxito para los Silver Beatles, que por ese entonces consideraban sacarse el adjetivo.

Federico Pokorowski

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En 1976, Taxi Driver sorprendía al mundo cinematográfico con un guión original y contundente elaborado por Paul Schrader y una dirección impecable a cargo de Martín Scorsese. En la actualidad se considera al film como uno de los mejores de su década, en su momento mereció la Palma de Oro del Festival de Cannes y cuatro nominaciones al Óscar.

El personaje principal Travis Bickle (Robert de Niro) es un ex combatiente solitario y mentalmente inestable que reside en la ciudad de Nueva York. Lo que experimenta Travis (que además sufre de insomnio) es un rechazo progresivo por parte de la sociedad; es entonces cuando decide manejar un taxi por las noches y abandonar sus permanentes visitas a salas de cine porno. Mientras conduce su coche, es testigo silencioso e involuntario de todas las maldades existentes en toda gran ciudad: la prostitución, la violencia, los prejuicios y el resentimiento como patrón sistemático.



A medida que pasan los días, Travis se hace eco de un clima de tensión que lo lleva a apuntar diversas notas en un diario con la idea recurrente de pasar a formar parte de un drama en descomposición. El personaje encarnado por De Niro contiene una mixtura que va desde las personalidades frías e impersonales ideadas por Sergio Leone hasta las imágenes propuestas por Kurosawa en: “Los siete samuráis”. Sin embargo, Taxi Driver opera también como western urbano, espejo de un mundo putrefacto que pone patas para arriba una vez más el lema del “sueño americano”.
"Llegará una lluvia que se llevará toda esta mierda", repite en un off constante Travis Bickle. La misma frase –un muchacho apodado “El Tano”, 33 años, musculosa negra marca Reebok, remisero en plena Estación Liniers- repite de manera incesante con un cigarrillo entre sus labios. Quizá no quiera parecerse a Travis Bickle, hasta incluso es probable que ignore que hubo una cinta afamada que representa muchos de sus valores ya perdidos. Lo cierto es que “El Tano” saborea en sus salidas de remis los bordes de una desesperación silenciosa que termina por explotar en insultos hacia la comunidad boliviana y en visitas esporádicas a prostíbulos del barrio de Flores.
En un extraño paralelismo entre ficción y realidad, en el film el candidato a senador Palantine sube al taxi, y Travis le dice: “¿Sabe lo que tiene que hacer? Tiene que limpiar la ciudad de toda esta mierda, limpiarla pero de verdad”. Lo mismo piensa “El Tano” cuando reivindica a Macri y vota sin dudarlo a Francisco de Narváez en las elecciones del 28 de junio. “Quiero mano dura loco. Basta de afanos, de calles sucias, de cumbia por las calles y de toda esta mierda acumulada”, se exalta ante la mirada atónita de sus compañeros remiseros.



En TaxiDriver, Travis Bickle, utiliza el término “mierda” para señalar un mundo corrupto que engendra prostitución, inseguridad, violencia en las calles. Nuestro hombre –fiel heredero de necesidades emocionales insatisfechas y de noches amargas de tanto vacío- de la estación de Liniers en sus viajes nocturnos también cae preso en la misma red: el impacto que provoca la degradación del conjunto urbano le impide ser libre para convertirse enteramente en víctima. Es entonces cuando se pide que la “mierda” sea borrada del mapa y se recurre a Macri o a De Narváez (como en la película a Palantine) y a la violencia ya de por sí instalada se la intenta desarticular con más violencia.

Rodrigo Díaz.

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Los “superhéroes” derivados de los cómics han sido una de las vertientes más explotadas por la industria del cine. De la extensa y variopinta gama de este tipo de historias, hay una en particular que llama la atención, ya sea por su originalidad como por los cambios que ha sufrido a lo largo de su existencia: la de Batman. En 42 años de historia cinematográfica, Batman ha demostrado ser un personaje prácticamente esquizofrénico, debido a las múltiples (y contradictorias) características que ha tenido.

En total fueron siete los films protagonizados por el hombre murciélago, con un total de cinco actores diferentes que lo encarnaron: Adam West, Michael Keaton (en dos ocasiones), Val Kilmer, George Clooney y Christian Bale (también en dos oportunidades). A su vez, las siete películas fueron rodadas por cuatro directores distintos: Leslie H. Martinson, Tim Burton, Joel Schumacher y Christopher Nolan. Burton, Schumacher y Nolan dirigieron dos piezas cada uno.

Lo sorprendente es cómo un único personaje ha sido capaz de variar tanto en el tiempo: ningún “Batman” es ni remotamente perecido a su antecesor o a su sucesor. A pesar de provenir de una fuente común, el cómic creado en 1939 por Bob Kane, las películas son tan heterogéneas entre sí que parece que trataran sobre personajes diferentes.

Detrás de la creación de Kane, subyace una idea surgida de la rica cultura griega, esa idea es la del héroe. Para la tradición griega, el héroe no sólo estaba compuesto por virtudes asombrosas o habilidades únicas; también poseía miserias, dudas y defectos como el resto de los humanos.

El Batman que en 1966 encarnó Adam West (y dirigió Leslie Martinson) era una versión carnavalesca. Naif es otro adjetivo que le haría justicia a la interpretación de West. En este caso, Batman aparece como un multimillonario que se disfraza para combatir el crimen en sus ratos libres. No hay un móvil que lo impulse más allá que restablecer el orden de Ciudad Gótica. Batman no teme, no odia, es incapaz de matar, sólo atrapa al villano y vuelve a la mansión a vivir como Bruno Díaz. La historia es simple, hay dos bandos bien diferenciados, el bien y el mal: el primero representa todos los valores considerados correctos en la sociedad, mientras que el segundo busca destruirlos. Poco se sabe sobre Batman antes de ser Batman, lo único que se registra ligeramente es el asesinato de los padres de Bruno Díaz cuando era un niño, que dio origen a la búsqueda de justicia.



La segunda película, se estrenó en 1989, fue dirigida por Tim Burton y al personaje principal lo protagonizó Michael Keaton, quien si bien no es Marlon Brando, es varias veces mejor actor que Adam West. En esta entrega se respeta el carácter sombrío de Batman, no es un personaje que hace reír, ni un héroe bufonesco. Una prueba de esto es que el tradicional traje de la década de los 60´ que era gris y azul pasa a ser totalmente negro, como son los murciélagos realmente. Ciudad Gótica es efectivamente gótica, por lo que el superhéroe está rodeado de un entorno que le va en saga y le permite desarrollar sus características principales con mayor coherencia. Se repite la característica de un pasado ausente, por lo que prácticamente no se explica como Bruno Díaz se transforma en Batman.



Parece que la intención de Tim Burton era humanizar al héroe, ya que en Batman Regresa (1992), aumenta la oscuridad del personaje, la melancolía como rasgo principal. Parece que esto mucho no gustó a la gente de la Warner, ya que sería la última intervención de Burton como director en la saga. En las dos entregas dirigidas por Burton, el enmascarado tiene intentos de romances (con mujeres, claro) desterrando los rasgos asexuados que West imprimió a su interpretación.

Tres años más tarde, en 1995, aparece en el mercado cinematográfico Batman Forever, preocupante titulo teniendo en cuenta la pobre calidad de la caracterización de Val Kilmer. Si nos atenemos al personaje en sí, Joel Schumacher no es capaz de tomar la herencia de Burton. Bruno Díaz bucea en su pasado, en su infancia, para enfrentarse al trauma que le supuso el asesinato de sus padres. Deja de sentirse culpable sobre lo ocurrido, y siente que ser Batman es menos una obligación que una elección. Aparece nuevamente ese ideal de superhéroe que lucha sólo por la justicia y por el bien común, dejando de lado las emociones más humanas. Puede resultar paradójico, pero cuando Schumacher hizo que Batman se adentre en sus orígenes, el héroe aparece simplificado, pierde la complejidad propia de su constitución.



La secuela denominada Batman y Robin (1997) es la legítima heredera de la protagonizada por Adam West 31 años antes: continuó con la estética sesentista, perdiendo todas las innovaciones que durante casi tres décadas habían enriquecido el personaje. Schumacher vio en Clooney al actor ideal para poner la cara detrás de la máscara. En esta oportunidad, el hombre murciélago se la pasa sonriendo, y el personaje no tiene mayor relevancia: si bien es el protagonista, no aporta nada a la historia. Es en vano agregar mucho mas sobre esta versión de Batman, es un intento de regresar a los sesenta, pero con 100 veces más presupuesto, por lo que podemos considerarnos 100 veces más decepcionados. Tal fue la apatía que género esta entrega, que la Warner se negó a seguir produciendo películas de este superhéroe. Schumacher logró lo que nadie, mató al murciélago de los huevos de oro.



Aquí es cuando el arquetipo de héroe aparece con más fuerza. Cuanto más bajo ha caído, cuando más fuerte lo han golpeado, cuando parece que no se levantará, el héroe saca fuerzas de donde ya no quedan y resurge de sus propias cenizas. La dupla Christian Bale- Christopher Nolan (protagonista y director respectivamente) fueron los encargados de dar vida a las dos mejores películas de Batman. Luego del fracaso de 1997, era necesaria una reconstrucción desde cero, de allí el nombre Batman Begins (es decir, Batman Inicia). Nolan eligió contar la historia de Bruno Díaz, desde sus traumas y sus miedos. La prematura muerte de sus padres a manos de un delincuente, y la personalidad temerosa del joven Díaz marcarían a fuego su futuro. El Batman encarnado por Bale no se considera un héroe. Detrás de la máscara hay un hombre como cualquier otro de Ciudad Gótica, con tribulaciones, con sus propios fantasmas que lo rondan a diario.



El Batman de Bale elige al murciélago como su signo característico porque es una de las cosas a las cuales más teme. Es a través del control de sus miedos que Batman logra la sensación de ser invencible. En las cinco películas anteriores, se sabía que Batman ganaría por obra y gracia de la pluma del guionista. En Batman Inicia y el Caballero de la noche (2008), la sensación de que el héroe no puede perder nace de la capacidad que éste tiene para atemorizar a quienes se crucen en su camino, les come la cabeza jugando con sus propios temores. El Batman de Bale no persigue delincuentes, los caza. Su motor son sus propias emociones (miedo y venganza principalmente), las cuales estaban ausentes en las caracterizaciones anteriores: el héroe deja de ser una criatura cuasi divina, separada del resto de los seres vivientes, para ser un hombre. Este Batman no se considera a sí mismo un ícono del bien, pero sabe muy bien a quienes tiene que perseguir. No le interesa ser querido por la gente, ni siquiera considera que él sea el que aplica “LA” justicia, a lo sumo lo que hace es aplicar la suya particular, que está constituida por su turbulento pasado y sus propias vivencias.



Podemos considerar a la versión de Nolan y de Bale como la definitiva, la del héroe que retoma a su lejano pariente nacido de la cultura griega.



Agustín Méndez

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